David Fincher es uno de los mejores directores de nuestra era, eso es un hecho prácticamente irrefutable. Su capacidad de ahondar en la psicología de personajes maltratados, la facilidad para crear un ambiente detectivesco, la tranquilidad para sumergirse apaciblemente en lo oscuro y siniestro y ese gusto por unos colores fríos que son casi marca registrada. Diversos aspectos que han llevado al cineasta a un estatus que, en ciertas ocasiones, puede distorsionar la realidad.

Desde que se anunció que The Killer sería su próxima película se desató la euforia de los fanáticos. Quizás porque Mank (2020) dividió al público, quizás porque desde Gone Girl (2014) no habíamos catado un ‘peliculón’ de David, quizás porque el protagonista sería el gran Michael Fassbender o quizás porque, simplemente, era Fincher.

La euforia por el nuevo trabajo del director fue creciendo exponencialmente según se acercaba la fecha del estreno y, sinceramente, es lo peor que ha podido pasarle al filme. Lo que se nos auguraba como una obra maestra del Siglo XXI ha acabado siendo una película más, donde lo más destacado es, casi, el nombre de su artífice.

The Killer | Netflix

Que no se malinterprete, The Killer es una película decente, pero que tampoco se preocupa por llegar a mucho más. Una historia sencilla que sigue a un asesino implacable como hemos visto ya cientas. Esta en particular se aleja un poco más de lo convencional ahondando en exceso en el metodismo y la frialdad de un protagonista que es fiel a una idea y una mentalidad que son los que lo vuelven imposible de detener.

La realización es correcta y la película tiene un ritmo ágil, por lo que se hace muy liviana de ver, ayudando en parte la sutil división de la historia en capítulos. Visualmente no destaca enormemente y se centra en un ambiente urbano que no llega a pedir atención, buscando siempre centrar al espectador en el protagonista.

Fassbender hace un muy buen trabajo con su personaje y retrata fantásticamente esa frialdad que hace destacar al asesino, el cual no es implacable por su fuerza o su locura, sino por su impasividad. La falta de introspección en sus secundarios es el elemento clave para centrarnos en un Michael que sin lugar a dudas es el alma de una película más bien fría.

the killer
Michael Fassbender en The Killer | Netflix

Y sí, me reafirmo en que esta película en ningún caso es algo novedoso, fresco o atrapante. Para un servidor se podría comparar -haciendo rima con el soundtrack del filme- con los Smiths. Están vistos, no destacan especialmente y entretienen lo justo dependiendo del momento.

Es una película que acaba por asentarse dentro de una normalidad que en ningún caso es mala, sino lo común. Y haríamos bien en pensar que no siempre un filme va a rozar la excelencia para evitar prejuzgarlo y devorarlo por primera vez con el único fin del disfrute. Porque, aun no siendo excelente, Fincher nos vuelve a ofrecer, a su manera, disfrute.

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