Me ha sido complicado empezar a escribir esta reseña. Me suelo centrar en las partes positivas que resaltan en el filme e intentar anclarlas a un mensaje, a una idea que acabe por quedarse en la cabeza del espectador. Con Emilia Pérez (2024) no he podido.
En primera instancia creía que la condición de musical iba a echarme para atrás, pero pese a no ser un fanático del género, otras películas del mismo han logrado cautivarme. Pensé también que su combinación con el drama iba a ser fallida, pero cuando le di vueltas a la idea llegó a resultarme interesante.
Alejé de mi cabeza los prejuicios en cuanto al tipo de película que estaba por ver y quise tener la mejor predisposición antes de consumirla, obviar los bochornosos clips que salieron en redes de sus protagonistas y dejar atrás toda la polémica de los últimos días referente a Karla Sofía Gascón. Ir totalmente a ciegas a disfrutar de la película con más nominaciones de los Oscars 2025.

Siendo claros: la película es un desastre. Un desastre, una mala película, un bodrio… elijan el calificativo adecuado.
No sé ni por donde empezar a justificarme. Mismamente por la trama que es inexistente y se une a una historia desastrosa que en ningún momento engancha al espectador ni logra generar un contexto que incite a ello. Lo peor con esto es que eligieron un buen pretexto para dar lugar a una idea que calase y reivindicara una situación tan delicada como la injusticia social que vive un país como México, pero acaban por preferir contar algo banal, que no lleva a ningún lado y que se siente insulso e irreal.
Los personajes no tienen un objetivo sustancial ni una relación orgánica entre ellos. Su participación se siente tan forzada y mal conectada que es imposible mantener la mirada e intentar estar atento a lo que se ve en pantalla. Ni los actores ni sus propios personajes conectan, y su desarrollo no lleva a ningún punto lógico, ni siquiera dentro de una fantasía tan irreal como soporífera que se genera en base a incongruencias en la personalidad de unas protagonistas muy mal construidas.

Y entrando directamente a las actuaciones: ¿es enserio? ¿De verdad lo visto en las poco más de dos horas que dura el largometraje ha dado lugar a tal cantidad de elogios, nominaciones y reconocimientos?
Sin llegar a exagerar, he visto películas de ‘clase B’ con mejores desempeños por parte de sus actores. Selena Gómez y Karla Sofía Gascón ofrecen una actuación triste y desangelada, muy mala; y Zoe Saldaña, la cara más salvable del largometraje, apenas alcanza un estatus de medianía. ¿Lo peor? Que la corrección política hará de estos trabajos algo elogiable y reseñable por encima de otros tantos que sí valen la pena.

En cuanto a los aspectos técnicos, no abandonaré la línea expuesta anteriormente: no convencen, no son buenos. La fotografía propone ciertas ideas puntuales que son interesantes, pero gran parte del filme es sonso en ese aspecto y cuando se escapa de esa línea y propone algo interesante corta su progresión de manera abrupta. De la mano con esto, también cabe mencionar un muy mal montaje con fallos de racord plausibles y cortes visibles en escenas que acaban por enturbiar la estética de la película.
Quizás el aspecto más reseñable de la cinta sean los números musicales. Varios de ellos entretenidos y con un ritmo ágil y pegadizo, pero se sienten tan mal integrados en el resto de la cinta que no dejan de ser pegotes sin sentido que no se yerguen como el aspecto salvable de la cinta que podrían haber sido, quedando como pausas espontáneas dentro de un largometraje desagradable.
Emilia Pérez no es una buena película. Falla en tantos aspectos que se vuelve imposible de apreciar y complicada de ver sin apartar la mirada. Y no es una crítica al querer exportar una idea a la gran pantalla, sino a hacerlo sin sentido ni alma, desaprovechando la oportunidad que ofrece el cine para contar historias que trasciendan y dando pie a un completo desastre.




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