Cuando uno piensa en el ajedrez, de primeras no le viene a la mente la idea para sacar a la luz una miniserie que llegaría a arrasar en su día. No fue el caso de Netflix, quien en 2020 decidió apostar por adaptar el libro The Queen’s Gambit (1983) de Walter Tevis y originar un valiosísimo producto que encandiló al público: The Queen’s Gambit.

La miniserie de siete capítulos retrotrae al espectador a los años de la Guerra Fría, donde una niña huérfana descubre tener una increíble habilidad para el ajedrez. Con el pasar de los años irá ganando más y más partidas en pro de acabar siendo la mejor jugadora del mundo, mientras por el camino se irá sumiendo en una espiral de autodestrucción.

Ha sido un material que ha encandilado al público y, en cierto modo, lo veo lógico. Una trama lineal, sustentada en una trama cuanto menos novedosa y con un cierre rápido. Sin embargo, no considero que sean aspectos suficientes para hacerla brillar más de la cuenta y disimular el hecho de que sea una serie del montón con un reparto de caras conocidas.

Aun siendo una serie corta se hace lenta, se extiende en exceso en determinados aspectos y apenas profundiza en otros. Se excede en contar momentos que son cruciales pero sin ahondar en los mismos para darle un sentido a la historia sucedánea.

Plantea muy bien la idea del abuso de sustancias y la narcodependencia, pero no se preocupa en darle una base y acaba por ser un elemento vacío en todo momento. De igual forma encontramos esa idea de trazar el paralelismo de la Guerra Fría con las disputas del ajedrez, de nuevo -y aún más si cabe- con ninguna profundización e interés por desarrollar un elemento que avive la serie e incite a prolongarla.

Anya Taylor-Joy en The Queen`s Gambit (2020) | Netflix

Es entendible que ante un espacio reducido se deban abordar más superficialmente ciertas tramas, pero si se reincide en esto incluso con los elementos más importantes, pierdes el potencial para hacer algo realmente bueno. La gracia se aleja de -como se ve en la serie- caricaturizar de la forma más simple el problema, la gracia está en ahondar en el mismo y diseccionarlo. No quiero que me vomites escenas vacías y más escenas vacías de partidas o de Anya Taylor-Joy bebiendo y drogándose, atrévete a contar el trauma, a darle un sentido; guíame a ese desenlace mediante el ajedrez y no me lleves al ajedrez mientras me vendes la idea de poder darme ese desenlace.

Cambiando de tercio y dejando de lado una realización que podemos dejar como aprobada -siendo bastante correcta pero sin llegar a ser nada excelso- es pertinente hablar de las actuaciones. Anya Taylor-Joy es encumbrada por un trabajo que, al parecer de un servidor, es insulso y alejado del gran repertorio de la británica. Regala un personaje plano, no le aporta carisma alguno y queda lejos de la idea de darle la profundidad que tanto le falta a la serie. Sinceramente, un trabajo gris que se encumbra gracias a unos muy buenos secundarios que sí se muestran como pilares sólidos para poner en pie algo decente.

En resumidas cuentas, Gambito de dama es ese producto que llama por la novedad pero que una vez te paras a intentar saborearlo rememoras la mediocridad de la que empiezas a estar saciado. Y es una sensación extraña viendo que todo lo que te llega acerca de ella es bueno, más una vez tomado el contacto, recuerdas que hay ciertas cosas que, por factores varios, tienden a estar sobredimensionadas.

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