Con los rumores de la incorporación de Brad Pitt a la décima película de Quentin Tarantino, desde Filmnet queremos recordar la que, seguramente, sea la mejor colaboración de ambos, que brindó el Oscar a Mejor Actor de Reparto a Pitt en 2020.
Érase Una Vez en Hollywood cuenta la historia de Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) y Cliff Booth (Brad Pitt). Rick es un actor de westerns de los años 60, que observa como su carrera se va poco a poco al traste. Por otro lado, Cliff es su doble de acción y su único amigo. La trama se desarrolla en el año 1969, un año en Hollywood marcado por el asesinato de Sharon Tate (Margot Robbie). La película es, por tanto, una ucronía entre la mujer de Polanski, la Familia Manson y dos actores ficticios.
Es una película difícil de asignar dentro uno de los géneros cinematográficos clásicos, ya que la trama principal se basa en el conflicto interno de los protagonistas. Además, cuenta con muchas escenas que se pueden catalogar dentro de comedia, drama, suspense e incluso, terror, con esa escena de Cliff Booth en el Rancho Spahn. Bajo mi perspectiva, es una película que se inclina a la comedia. En gran parte de la película te ríes, ya sea por los comentarios sarcásticos, la propia acción de la escena e, incluso, hasta la propia violencia saca sonrisas en este contexto.
También, Érase una vez en Hollywood tiene otra peculiaridad que no se suele ver en el cine moderno. Y es la cantidad de cine que hay dentro de la propia película. Me explico. Durante el largometraje se pueden ver como los personajes ven escenas suyas en pantalla, como las de Sharon Tate en el cine o las de Rick Dalton con el episodio de FBI. También, se pueden ver otras escenas a las que se hace referencia, como las que menciona Al Pacino en su conversación con Rick. E incluso, Tarantino tiene el desparpajo de crear un miniwestern maravilloso dentro de la película y que tiene mucha fuerza en la trama y en el conflicto interno que sufre Rick con su trabajo.
Como se ha comentado, la trama gira en torno a los conflictos de los personajes y no al revés. Es por ello por lo que tanto Brad Pitt como Leonardo DiCaprio tienen mucho juego para poder lucirse en pantalla. ¡Y vaya si lo hacen! Ambos forman una pareja monumental, con una química que se palpa solo al verlos entrar por una puerta. Desbordan carisma y se adaptan a lo que piden los personajes en todo momento. Pero, mejor, vayamos uno a uno.

Rick Dalton es encarnado por Leonardo DiCaprio (Django desencadenado o El Renacido). Su personaje se le puede considerar un “triunfador”, pero que en su vida no es nada feliz. Un actor de Hollywood, que se hace mayor y no consigue grandes papeles. Su carrera ya no es lo que era en sus “días de gloria”, lo que le provoca una depresión por esa decadencia y un alcoholismo muy notorio.
Por otro lado, su principal apoyo es su mejor amigo Cliff Booth, con el que Brad Pitt (Malditos Bastardos o Seven) hace una de las mejores interpretaciones de su carrera. Cliff es el doble de acción de Rick y su mejor amigo. Es un hombre violento, veterano de guerra, atractivo y extremadamente misterioso. Al contrario que Rick, es un hombre que se conforma con poco. Él es feliz con su perra Brandy y con la simpleza de tener una vida corriente. Además, es juzgado por la mayoría de la gente, ya que corre el rumor de que asesinó a su mujer, por lo que Rick es su único amigo también.
Sharon Tate, interpretada por Margot Robbie (El lobo de Wall Street) es el tercer pilar de la película. Ella representa la inocencia en un clima donde la violencia y la hostilidad tienen mucha importancia. Sus escenas bailando, sonriendo y disfrutando de la vida, contrastan con las de Rick cabreado y deprimido por su “fracasada” vida.
El reparto lo cierran grandes nombres como Al Pacino, Kurt Russell, Austin Butler o Margaret Qualley, destacando la actuación de esta última, como la hippie que conoce a Cliff y representa los valores de la Familia Manson. No tiene mucho diálogo, pero cada gesto y cada mirada transmiten tanto, que no le hace falta nada más que aparecer en pantalla. Sin embargo, se echa en falta algo más de ellos, sobre todo de Al Pacino, que solo tiene un par de breves apariciones.
Esa Familia Manson y la cultura hippie la muestra Tarantino en la película desde su visión. Él creció con ello y el terror que generaban los hippies después del asesinato de Tate y sus amigos, sobre todo en Los ángeles, era algo muy destacable en aquella época. Por ello, Tarantino ha querido dar una visión de lo que podría haber ocurrido si los asesinos hubieran entrado a la casa equivocada. Un final diferente a la realidad, pero igual de violento.

En esta película, además de las grandes actuaciones, hay algo que destaca por encima de muchas cosas: la ambientación. Es increíble como cada plano nos traslada a esa ciudad de Los Ángeles en los años 60. Esos neones, los coches, la luminosidad, la música… Todo es perfecto. Esos planos de Cliff conduciendo, vagando por la ciudad a lo Taxi Driver (1976), tan clásicos, pero a la vez tan buenos, ayudan, no solo a conocer al personaje, sino también a ver cómo era el Hollywood de los 60.
Un Hollywood que estaba muy cerca de entrar en una nueva corriente, inspirada por el auge de esa gran generación de directores de los 70, las nuevas temáticas, ese cine más “vendible” y menos de autor. Por eso, esta película no entra dentro de esa generación. Es una película con muchas características clásicas, que no se suele ver en el cine moderno, pero que a la vez son muy necesarias para recordar una de las mejores épocas de Hollywood.
En resumen, se puede observar el amor de Tarantino al cine en esta película. Cada diálogo, cada plano, cada fotograma son una oda al séptimo arte y a una ciudad de Los Ángeles que ha sido tan importante para el director. Érase una vez en Hollywood es su novena, pero no última película y esperemos que pueda hacer muchas más y seguir deleitando con su imaginación las salas de cine.





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