Christopher Nolan lo ha vuelto a hacer. Y esta vez a lo grande. Su último largometraje no sorprende a nadie, puesto que ya es uno de los directores más reconocidos de nuestro tiempo, pero sí que «ha pegado un buen petardazo» —como dice el coronel Groves (Matt Damon) en la película— en la crítica y el público mundial. Y no es para menos, ya que Oppenheimer es, seguramente, uno de los mejores largometrajes del director.

La película no es solo un biopic de la vida del físico Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica, sino que también plantea un thriller político, con la venganza, la ética y los remordimientos como los protagonistas. Oppenheimer, es llamado para liderar el ‘Proyecto Manhattan’, con el objetivo de crear la bomba atómica y acabar con la II Guerra Mundial.

Sin embargo, una vez termina el conflicto, Estados Unidos no descansa. En plena Guerra Fría, el pasado de Oppenheimer le juega una mala pasada, que le lleva a ser la presa de una caza de brujas por hombres poderosos. Todo ese pesar después del trabajo realizado para su país se va a la basura.

El film tiene muchos aspectos a destacar, pero, sin duda, uno de los más importantes son las sólidas e increíbles interpretaciones. Cillian Murphy lidera la película poniéndose en la piel de Robert Oppenheimer. Y lo borda con su mejor interpretación hasta la fecha. La evolución y la decadencia con el paso del tiempo son una maravilla, como se va degradando poco a poco, a medida que surgen los problemas. Recuerda un poco a ese Thomas Shelby de Peaky Blinders, con las miradas al vació pensativo, visualizando la inmensidad de desafíos y dilemas que le tienen rondando la cabeza.

Cillian Murphy como Robert Oppenheimer en Oppenheimer (2023) | GQ México

Aunque gran parte de la trama se centra en Oppenheimer, esta película no sería la misma sin el resto de secundarios. Encabezados por un inmenso Robert Downey Jr. en la piel de Lewis Strauss, un político estadounidense, con el que Oppenheimer tiene sus más y sus menos. Parece que ambos van camino a recoger su primer Oscar, pero habrá que esperar a que se confirme.

El resto de secundarios, como Matt Damon, Jason Clarke o Josh Hartnett también están muy convincentes en la película. Y, sé que lo estaréis pensando, pero no se me olvidan —aunque a Nolan le suele ocurrir esto—. Emiy Blunt y Florence Pugh están en otro nivel, pero que pena que no se las de más importancia, sobre todo a Blunt como Kitty, la mujer de Oppenheimer. Ella le da la fuerza y sensatez que nuestro protagonista pierde, superado por las circunstancias.

La cinta es, simplemente, un espectáculo visual. La fotografía de Hoyte van Hoytema es de lo más destacado de la obra. Y no solo la excelsa escena de Trinity (la prueba de la bomba atómica), sino también al resto de la película. Cada plano está pensado para generar sentimientos. La subjetividad con la que se cuenta parte de la película, junto con los planos de la angustia de Oppenheimer, llevan a que le acompañemos en esa triste aventura de injusticias, dilemas éticos y remordimiento. Y si, además, se acompaña con una banda sonora (Ludwig Görandsson) magistral, al espectador solo le queda sentarse y disfrutar de una maravilla cinematográfica de tres horas —cortas, a mi parecer—.

Discurso de Oppenheimer tras el «éxito» de la bomba atómica | X

Y es que es justamente eso. Que la narración compleja de Nolan, hace que la película se pase tremendamente rápido. El director es un fanático del tiempo y le gusta jugar con él en sus obras. Se pasa de la creación de la bomba, a los dilemas morales de usarla o no y termina con una cacería al creador de la misma. Todo ello mezclado pero sin llegar a ser confuso. Ahí está la magia.

Nolan utiliza de nuevo, como ya había hecho en Memento (2000), el recurso del blanco y negro. Nos encontramos con una gran parte de la cinta a color con la visión subjetiva y las vivencias del protagonista — desde sus orígenes hasta el final, pasando por Los Álamos— y con otra en blanco y negro, donde se muestran los hechos posteriores a la bomba, desde el punto de vista de otro personaje.

Robert Downey Jr. como Lewis Strauss en Oppenheimer (2023) 1 X

Pero, lo mejor de Oppenheimer es su complejidad. Ya se ha comentado, pero me gustaría pararme para reflexionar sobre ello. La película no solo quiere contar la historia de Robert Oppenheimer, sino que también quiere hacer pensar el público. Y es que, ¿el fin justifica los medios?

La destrucción no puede evitar más destrucción. La muerte no evita la muerte. Es algo que el protagonista reflexiona y le destruye por dentro, cada vez que piensa en Hiroshima y Nagasaki. Dos momentos claves, que comenzaron la carrera nuclear que sigue hasta nuestros días. Y que amenaza con un futuro incierto.

En definitiva, Oppenheimer es una bomba cinematográfica. Una película profunda, reflexiva y tremendamente fiel a la historia. Inmerso en el fenómeno Barbenheimer, tanto la película de Nolan como la de Greta Gerwig se impulsaron para ganar popularidad y donde los beneficiados fueron el cine y los cinéfilos. Oppenheimer es la película del año y será recordada como una de las mejores de este siglo.

4 respuestas a “‘Oppenheimer’: una bomba cinematográfica”

  1. Considero que es una excelente película, que si se hace justicia va a arrasar con los Oscar. Es mi gran favorita. Cordiales saludos.

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  2. […] muy esperanzado de ver dos buenas películas. Si bien en el segundo pase acabé maravillado con la obra de Christopher Nolan, la primera película me dejó más bien […]

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  3. […] con la estatuilla en los Premios Oscar 2024 a Mejor Actor hace unos días por su actuación en Oppenheimer, el actor ya ha sido confirmado para su vuelta al rol de su carrera en la aclamada serie Peaky […]

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  4. […] Damon asistió a Harvard mientras su amigo se mudaba a Los Ángeles. El destino les unió, de nuevo, en 1992, para protagonizar School Ties, junto a Brendan Fraser. Cerca de graduarse, Damon dejó la universidad para mudarse con su amigo, pero el éxito duró muy poco. Se arruinaron y tuvieron que dejar la ciudad de las estrellas. Se mudaron juntos a Nueva York, donde trabajaban como camareros o panaderos, mientras estudiaban actuación y asistían a audiciones en busca de una oportunidad. […]

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