El 25 de julio del año pasado cogí el coche y me fui a toda prisa al cine para degustar una sesión doble por primera vez en mucho tiempo. No podía concebir perderme la experiencia del fenómeno “Barbenheimer” y, realmente, estaba muy esperanzado de ver dos buenas películas. Si bien en el segundo pase acabé maravillado con la obra de Christopher Nolan, la primera película me dejó más bien frío.

Sinceramente, le tenía esperanzas a Barbie. No tenía ni idea de qué trataba la película, pero el hecho de tener al frente a una de las directoras más prometedoras del mundo del cine como Greta Gerwig y a una Margot Robbie que venía de regalar una de las mejores actuaciones de la década en Babylon (2022) y consagrarse como la actriz del momento, me generaba ilusiones por ver algo rompedor.

Tener la posibilidad de contar cualquier cosa utilizando el reflector de la muñeca más famosa del mundo era algo único. Un abanico de posibilidades que se podía haber explotado de muchas maneras, exponiendo temas que ahondaran en ideas adultas y que lograran transcender. Y parte del filme sí refleja esto, pero la totalidad del mismo nos regala más bien un anuncio largo.

Barbie (2023) busca reflejar el hecho de que la mítica muñeca clásica ha evolucionado y puede llegar a convertirse en un icono del presente. La película busca y consigue humanizar al juguete y lo hace partícipe en temas como la depresión, el feminismo, las imposiciones sociales o el techo de cristal.

Margot Robbie como Barbie | Warner Bros

Realmente tiene el mensaje, pero falla -como película- en la forma de contarlo. La idea que quiere transmitir logra, en parte, calar en los espectadores, pero nos acaba regalando más de dos horas de una historia infantil y sosa que oculta el mensaje y se siente como un bestial blanqueamiento de Mattel, que pone de su lado al espectador y acaba saliendo muy bien parada.

En materia fílmica el largometraje no es la gran cosa. Una historia que, si bien plantea ciertos debates en momentos puntuales, prescinde de ellos en pro de favorecer una trama burda y repetitiva que ahoga al largometraje en el mar de la mediocridad. No da el paso final para darle importancia a lo que quiere contar y prefiere que el como se cuente atraiga a la gente -lo cual, sin duda alguna, ha logrado-.

Muy logrado sí está, por otra parte, Barbieland. La posibilidad de inmensidad creativa se aprovecha genialmente por una Greta Gerwig que busca enfocarlo en un ámbito de teatro/musical que encaja perfectamente con este mundo que se nos presenta, aunque en el segundo tercio de la película se pierda totalmente.

Pese a ser un musical no creo que pueda decirse que el aspecto de sonido ni las canciones sean su fuerte y, aun teniendo temas originales que logran conectar con el espectador, en términos generales podría calificarse este aspecto como insulso. Bueno, vale para el sonido y para una dirección que, si bien es sobria, no llega a romper y proponer algo que realmente llame en exceso, cayendo en el mismo montón que otras tantas cintas que pasan sin pena ni gloria.

La película más taquillera del año | Warner Bros

Por último, no cabe obviar las interpretaciones. Vaya cuadro.

Siendo claros: lo de Margot Robbie en esta película en ningún momento, jamás; es digna de recibir nominación alguna como se ha reclamado enérgicamente en los últimos meses. Es una interpretación sin más, que no trae consigo nada reseñable y en la que una fantástica actriz se ve delimitada por un papel estático y simplón.

De hecho, es curioso como Ryan Gosling acaba ofreciendo la mejor interpretación en un largometraje que pone en evidencia todo lo contrario. No quiero meterme en ese bosque así es que me limitaré a alabar una papel en el que, si bien se veía con las mismas limitaciones de trasfondo que el personaje de Margot, Gosling le aporta el carisma y gracia que le falta al filme. Quizás es por no estar acostumbrados a verle en este tipo de interpretaciones, pero su trabajo aquí se roba los reflectores y bien le ha valido sendas nominaciones a mejor actor de reparto.

El resto de actuaciones, teniendo poco protagonismo, son más bien correctas, a excepción de una América Ferrera que poco hace por despuntar siendo de las figuras más importantes de la trama. Se escapan de estas calificaciones Kate McKinnon y Michael Cera, quien con personajes residuales aportan agilidad e interés a una historia que nada cuenta por momentos.

Barbie ha sido un éxito. Ha remodelado el concepto de la muñeca desfasada que muchos tenían en la cabeza y lo ha inducido en el siglo XXI. Es una genial campaña de publicidad de Mattel y un magnífico anuncio, pero como película no dice absolutamente nada.

Una respuesta a “Barbie: poco más que un anuncio largo”

  1. Es algo refrescante y eso siempre agrada, estamos hartos de la guerra.

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