Cuan complicado es, en ocasiones, aprender. Suele fallar el emisor del mensaje y la predisposición a recibirlo: se anteponen ideas discordantes y confrontan impidiendo que la información pase de un lado a otro, generando un muro que muchas veces en lugar de intentar ser bordeado, sigue creciendo por el esmero en colocar ladrillos.

Sin embargo, más pronto que tarde surgen brotes verdes que posibilitan que se aprenda y, por ende, se evolucione. Se evolucione a un yo diferente que goza de información nueva y que empieza a tener curiosidad por informarse, generando una interacción que de vez en cuando también lleva a enseñar. Y es esta idea la que plasma The Holdovers (2023), centrándose en los privilegios sociales, la amistad o la soledad, encarrilando todo dentro del flujo del aprendizaje.

La película es, sencillamente, un escándalo. Tomando como premisa una historia simple y englobándolo dentro de un disfraz de comedia, el director Alexander Payne nos invita a sumergirnos en un drama silencioso que fuerza al espectador a discernir y ahonda en las complejidades de la vida desde distintos puntos de vista.

Un desayuno navideño | Focus Features

La trama es aparentemente sencilla: durante las vacaciones de Navidad, un severo y solitario profesor (Paul Giamatti) quedará al cargo de un puñado de estudiantes de una elitista escuela junto con una de las cocineras de la institución (Da’Vine Joy Randolph). A los pocos días todos los chicos lograrán salir de esa reclusión invernal a excepción de Tully (Dominic Sessa), el más conflictivo. Ese suceso en el cambio al segundo acto da rienda suelta a la película.

A partir de ese segundo tramo del filme, tanto la acción como los personajes se desarrollan y evolucionan en base al conflicto pero también en base a la necesidad de interaccionar para no sumirse en la desesperación. Las posiciones contrarias del profesor Hunham y Tully harán brotar rencillas entre ambos y permitirán un desarrollo de los mismos en base a la mutua interacción, aprendiendo y enseñándose mutuamente, evolucionando y abriendo una nueva visión de ellos mismos y del opuesto, descubriendo e interiorizando la realidad bajo el disfraz de su némesis.

Holdovers es profunda, es emotiva y es reflexiva sin perder la gracia y naturalidad que nos vende desde el inicio al presentarse como comedia. No tiene miedo a contar las cosas y va desenvolviendo a sus protagonistas poco a poco, erigiéndolos con calma y dándoles un desarrollo natural a la par que sorprendente. Dándoles un desarrollo muy humano.

DaVine Joy Randolph y Dominic Sessa en The Holdovers | Focus Features

Con una estética propia de un telefilm de los 70s, la cinta nos sumerge genialmente en esa época a la par que optimiza una cinematografía más bien sencilla para que llegue a ponerse al nivel de un guion genial. De igual modo ocurre con el uso de cámaras y el sonido, que si bien son simples no dejan de ser más que efectivos, regalando a la par planos generales muy interesantes y secuencias entrañables que se disfrutan gratamente.

Sin embargo, el punto más fuerte de esta cinta son las actuaciones. Dominic Sessa emerge como una de las revelaciones del año en una interpretación que transmite genialmente la frustración y angustia de su personaje, dejando ver lo humano en su interior durante breves periodos de tiempo. De manera contraria destaca una genial Da’Vine Joy Randolph que, aun reflejando solemnidad y tristeza, sabe mostrar también el rencor y temperamento que guarda dentro su personaje.

Dos geniales actuaciones que desde luego no eclipsan a la figura con mayúsculas del largometraje: Paul Giamatti.

Paul Giamatti en uno de los papeles del año | Focus Features

El estadounidense realiza el, seguramente, mejor papel de su extensa carrera. La mimetización con el complejo profesor es sensacional, desatando un tremendo repertorio actoral que, al igual que los dos anteriores, deja ver la dualidad de su personalidad debajo de la seguridad y soberbia que a priori caracteriza al personaje. Lo humaniza y hace ver más claro que el solitario y apagado protagonista no es un cascarón vacío, realmente siente y empatiza con su exterior y, sobretodo, demuestra ser una buena persona. No una persona correcta, no. Una buena persona.

The Holdovers es una historia de reciprocidad. Una historia que nos muestra las ventajas de no cerrarse en banda y abrazar lo que te proporciona el entorno por mucho que haya puntos que te descoloquen. Es una historia para comprender como retroalimentarnos de lo que nos rodea y aprender a entender que el mundo no es solo una capa exterior. Es una historia para aprender a enseñar y enseñar a aprender.

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