Si bien la ópera prima de Quentin Tarantino no causó mucho revuelo en los primeros meses tras su estreno en 1992, con los años se ha revalorizado hasta llegar al estatus de clásico de culto, de igual manera que se acabó por asentar como uno de los mejores trabajos nobeles que se hayan visto.

Reservoir Dogs es un filme sin una trama especialmente compleja que, sin embargo, dista mucho de ser una película sencilla. El trabajo que llevó a cabo Tarantino para hacer una cinta de tal tamaño es fácilmente apreciable al analizar detalladamente cada ‘frame’ del largometraje y, pese a que bien se podrían comentar los centenares de aspectos técnicos que la hicieron única, hoy vamos a centrarnos en detalles poco conocidos de una obra que ya es historia del cine:

Justitos de presupuesto

A nadie le es sencillo empezar. Los primeros pasos en el mundo del cine no son amables para nadie y raro es contar con un gran presupuesto para ese primer metraje.

En el caso de Quentin se contó con 1,2 millones de dólares que en primera instancia iban a ser mucho, mucho menos (30.000 dólares). Para suerte del director, el guion llegó al reconocido actor Harvey Keitel que decidió financiar el proyecto y dejando el resto para la historia.

Sin embargo, tampoco sobraba el dinero a invertir y se pidió a los actores que llevasen sus propios trajes o usasen algunos que les cedió la diseñadora de la película. Esto llevó, por ejemplo, a Steve Buscemi a usar sus propios jeans o a Michael Madsen a usar chaqueta y pantalones de distintos trajes. Más llamativo fue Chris Penn mezclando chaqueta de chándal y vaqueros.

Escena inicial, Reservoir Dogs (1992)

Un criminal de verdad

Quizás Quentin entendió que a su película sobre crímenes le faltase autenticidad y por ello decidiera contratar a un exconvicto para actuar en ella.

Efectivamente, Edward Bunker, quien interpretase al Señor Azul, pasó gran parte de su juventud encerrado en correccionales y prisiones por, entre otras cosas: robo de bancos, narcotráfico, extorsión, robo a mano armada y falsificación. Incluso llegó a estar en el punto de mira del FBI.

Durante su estancia en la cárcel dio rienda suelta a su gran intelecto (tenía un C.I. de 152) y escribió sendas novelas cuyos beneficios le sacarían del encierro. Tarantino acabaría fascinado al leer una de estas: «No hay bestia tan feroz«; y decidiría contratar a Bunker para su película en pro de tener una presencia experta en el tema (quien declararía tiempo después que la película era muy poco realista).

Entrevista a Edward Bunker, actor del Señor Azul

A vueltas con Joe Cabot

Siempre es complicado dar con el actor idóneo para un papel. Y Tarantino creyó haberlo logrado para ese jefe mafioso que fue Joe Cabot interpretado por Lawrence Tierney.

Sin embargo hubo varios actores que estuvieron bastante cerca de conseguir el personaje: George Clooney, Seymour Cassel, Christopher Walken, Samuel L. Jackson o Timothy Carey. De hecho este último juró y perjuró que Harvey Keitel había hecho todo lo posible para que no se contratase a Carey en pro de que no lo opacara.

Quizás Quentin hubiera preferido contratar a Timothy cuando, tras una semana de rodaje, despidió a Tierney por su comportamiento. Si bien lo arreglarían, no fue el único desliz de un Lawrence Tierney que, según integrantes del staff, llegó muchos días a grabar completamente ebrio e incluso necesitó que Tarantino pagase su fianza tras pasar 3 días en los calabozos por apuntar a su sobrino con un arma de fuego.

Joe Cabot reparte sus identidades a los criminales protagonistas, Reservoir Dogs (1992)

Viaje en primera clase

Si bien el Cadillac Coupe DeVille que conducía el Señor Rubio (y que más adelante tendría presencia en otras tantas películas de Quentin Tarantino) no tiene mucha historia dentro de esta cinta, si gusta de ese placer lo que había en el interior de su maletero.

Tras el contrapicado desde la parte trasera del coche y las risas de nuestros 3 protagonistas, descubriríamos a un policía secuestrado en su interior, fruto de la locura de Rubio.

Kirk Baltz, intérprete del policía, pidió viajar en el maletero para experimentar cómo era realmente. Michael Madsen estuvo de acuerdo, encontrándolo como la opción perfecta para preparar a su desquiciado personaje; por lo que condujo con Baltz en el maletero por un largo callejón lleno de baches y fue hasta un autoservicio de Taco Bell antes de dejarle salir. Se le pegó un poco ese ansia de tortura de su personaje.

Premio en el maletero, Reservoir Dogs (1992)

Muy duro para algunos

Seguramente la escena más memorable de Reservoir Dogs sea, junto con la presentación del restaurante, la tortura del Señor Rubio al policía. Referenciada en múltiples ocasiones y cuanto menos retorcida, se hizo para muchos muy complicada de ver.

Que suene «Stuck in the Middle With You» mientras un psicópata baila alegremente y le corta la oreja a un hombre con una navaja mientras este ruega por su vida y recuerda a su hijo no es agradable para nadie. Ni siquiera para Madsen, quien al escuchar por primera vez la frase improvisada del policía sobre su retoño, tuvo que abandonar la escena para recuperar la compostura.

Sin embargo, el más llamativo de entre tantos que no soportaron la escena fue Wes Craven. Uno de los maestros del terror tuvo que abandonar la proyección de la cinta en el Festival de Toronto por lo duro de la escena. Al rato se cruzaría con un alegre Tarantino que le comentaría: «Te vas de la sala porque no lo puedes soportar, ¿verdad? ¡Ja! ¡Acabo de acojonar a Wes Craven!«

El Señor Rubio tortura al policía secuestrado, Reservoir Dogs (1992)

Una obra de culto que, como otras tantísimas, tiene muchos secretos por descubrir y confiamos que estos hayan sido algunos de ellos. ¡Déjanos en comentarios otras curiosidades que conozcas!

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