Es inestimable el valor de una vida. El hecho de ser un elemento finito con tantas posibilidades de recorrido hace que replicarla sea completamente inviable, teniendo cada una de estas una importancia que no puede plasmarse por escrito.

Es entonces cuando surge la duda: ¿y si pudiese replicarse una vida? ¿Y si pudiera burlarse la muerte y guardar el contenido de cada cual para volver a situarlo en el recipiente del cuerpo humano? Boon Jong-ho tuvo esta duda y plasmó su respuesta.

Mickey 17 (2025) es una película que, a título personal, esperaba con un ansia voraz. Los múltiples retrasos en su estreno no hicieron sino aumentar mis ganas por degustarla una vez se presentase en los cines -todo esto sin tener idea alguna de una historia que únicamente lograba contextualizar dentro del escenario de la ciencia ficción-.

Una vez vista, puedo decir que no decepciona.

El reconocido director surcoreano nos presenta una cinta futurista cuya historia, si bien sencilla, se engloba dentro de una trama ágil y entretenida que busca plasmar en sus entresijos un dilema moral y ético sobre el valor de la vida y el problema hipotético de la clonación. Se plantea la estructura como una comedia, pero al indagar dentro de la misma se entiende la idea de dudar del valor de la vida en una distopía.

Robert Pattinson en Mickey 17 (2025) | Warner Bros

Boon Jong-ho nos presenta en el personaje de Mickey (Robert Pattinson) la posibilidad de que una vida no sea finita y la importancia radique en la persona que la habita, que la vive. Centra al espectador para que se plantee cuan valioso pasa a ser algo que se puede ‘reimprimir’ una y otra vez, dando un segundo giro de tuerca al presentar una dualidad disruptiva que eleva el debate al cuadrado y complica la trama de forma efervescente.

La historia es sencilla y tiene subtramas centradas en la colonización, el poder y la naturaleza que ayudan al metraje a avanzar con energía y un humor ácido que, sin embargo, no deben apartar al espectador de una trama profunda que se va desmigando a capas con el fin de elevar al público una duda ética ya inherente al mundo moderno.

Sin embargo, y aun dándole suma importancia al mensaje que el director busca plasmar, la sencillez de la historia ayuda a que el elemento que más destaque en el filme sean las actuaciones.

Los personajes secundarios son excelentes, plasmados de forma que con pocos elementos logramos entender su trasfondo; y se sobredimensionan con geniales puestas en escenas de Toni Collette, Steven Yeun, Naomi Ackie y un Mark Ruffalo que brilla con luz propia en una interpretación distintiva e inesperadamente buena.

Toni Collette y Mark Ruffalo en Mickey 17 (2025) | Warner Bros

Pese a esto, hay una figura que se roba cada uno de los segundos que aparece en pantalla: Robert Pattinson.

Bob Patt‘, como a un servidor le gusta llamarlo, sorprende una vez más con una interpretación exquisita de un personaje que engloba todos los conflictos de la trama, los desglosa y acaba por resolverlos. El británico muestra otra vez su amplísimo registro y produce un trabajo memorable que sigue reafirmando el gran actor que tenemos la oportunidad de degustar.

En cuanto a los aspectos más técnicos es cierto que a nivel sonido es una película muy sencilla, que no innova y abraza la normalidad. Cosa parecida ocurre con el uso de cámaras, que no sorprende y es sencillo, lo cual no opaca el gran trabajo cinematográfico que se logra, ofreciendo un escenario ‘sci-fi‘ interesantísimo con un estilo e iluminación muy gustosos, construyendo un mundo propio que refleja una fría soledad.

Mickey 17 es una película sencilla y entretenida, que no se complica y con elementos aparentemente simples consigue ofrecer un muy buen producto, sazonado con un humor particular y un profundo trasfondo que logra inducirse en el espectador y hacer que, conforme avanza el metraje, se plantee más dudas y conceptos, aportando distintas dudas y dimensiones a la cinta con el fin único de cuestionarse el valor de la persona.

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